Indra Ortíz
Entre la abstracción lírica y la estructura cristalina del mundo natural

Indra Ortíz (Xalapa, Veracruz, 1971) es una creadora mexicana que inició su trayectoria en la joyería fina, destacando por la calidad de sus materiales y su visión artística que convierte metales y gemas en verdaderas piezas de arte. Su trabajo la llevó a exponer en diversas muestras y a colaborar con marcas y tiendas de prestigio.
En 2015, su conexión con la luz y el color la condujo hacia la pintura, donde encontró una nueva forma de expresión. Formada en acuarela con la maestra Rocío Aguilar y posteriormente en arte abstracto bajo la guía del maestro José Luis Bustamante, Indra desarrolló un estilo propio, libre y emotivo, complementado con estudios de teoría del color en La Esmeralda.
Su obra pictórica destaca por el uso expresivo del color, las texturas y la composición, invitando al espectador a un diálogo sensorial y emocional. Hoy, su pintura refleja la influencia de su pasado como joyera, fusionando la delicadeza de los metales y las gemas con la profundidad del arte abstracto.
La joyería como primer oficio


Cromatismos poéticos de lo abstracto
El arte abstracto contiene libertad, no solo performativa por parte del artista, sino cautiva por parte del que observa, es decir, que dentro de este método plástico, la línea no contiene al creador ni el contenido al espectador, lo cual, ocasiona una relación que puede ser inmediata, la del sentir, sin juzgar o indagar, solo se padece, cual el vivir mismo significa; es por ello que a principios de siglo XX los artistas dejaron la representatividad contextual y se dedicaron a sentir el trazo en el lienzo, a vibrar con el color, el reto así, se volvió condicionar al ojo y al cerebro a admirar sin entender, quebrando lo establecido al causar la ruptura de lo figurativo, apelando a la condición más humana: la de sentir, entendiendo esto último en su plenitud sublime. La obra de Indra Ortiz, convierte en protagonista absoluto al color. Cada trazo, cada transparencia y cada superposición cromática construyen un universo autónomo, liberado de toda referencia figurativa, donde la abstracción se manifiesta como un territorio de exploración inagotable. Lejos de ser una ausencia, la abstracción en estas piezas es una presencia intensificada: vibraciones de color que laten sobre la superficie y nos invitan a sumergirnos en la experiencia sensorial, a padecer como hemos mencionado ya, los placeres del sentir o dar sentido. La materia pictórica, despojada de narración, se transforma pues en un lenguaje abierto que habla directamente a la sensibilidad del espectador.
En este proceso, el color se vuelve poesía visual: cromatismos que sugieren ritmos, silencios y atmósferas capaces de evocar tanto lo íntimo como lo universal. No se trata de representar lo real, sino de provocar estados de contemplación donde cada obra funciona como un espejo sensible, siempre distinto, para quien la observa. El espectador no se enfrenta a imágenes cerradas, sino a un espacio de resonancias donde es posible proyectar la propia memoria, las emociones y los sueños. Así, cada cuadro de Indra Ortiz es un poema abierto, hecho de pigmentos y transparencias, que encuentra su plenitud en la mirada de quien lo contempla.
En conjunto, estas piezas nos recuerdan que la pintura abstracta no busca
respuestas, sino preguntas; no impone certezas, sino que abre caminos. En los cromatismos poéticos de lo abstracto que aquí se presentan, palpita la convicción de que el arte es, ante todo, una experiencia vital, un puente entre lo visible y lo invisible.
Para conocer más sobre disponibilidad y adquisiciones, les invitamos a ponerse en contacto:

55 12 89 79 92

indraortizartista@gmail.com

Indra Ortíz
Artista























